En mis años mozos no le dabamos ni cinco de pelota a san valentín, y en la actualidad, la verdad que me lo paso por el mismo lugar que las always con alas. Pero al estar sobreexpuesta a mensajes empalagosos, me es inevitable un pensamiento retrospectivo en eso del amor romántico tan extraño y esporádico en mi vida.
Todo empezó allá por mis tiernos diez años, cuando usaba la mitad de mi pelo para taparme la cara, me sabía una criatura que debería desarrollar algun encanto, ya que la belleza natural era evidentemente escasa y efímera y jugaba a la escondida con asombrosa agilidad entre los árboles. En uno de esos juegos, Juan Cruz, el más fachero del barrio, me dio un pico, y no me volvió a hablar nunca más. Era yo demasiado joven para entender que actitud tomar o si era motivo de tristeza nuestra "ruptura" asi que me dediqué a seguir jugando, y no le di mayor trascendencia al hecho.
Dos años después me fui a caminar con mi amigo Maxi, y me entraron unas ganas locas de besuquearlo, pero el super yo no me lo permitió y nada más nos comimos un importante reto por parte de nuestros padres (nos habiamos ido sin avisar) y una pseudo charla por parte de una prima mayor que me dijo cantidad de imbecilidades sobre "los hombres".
Finalmente, la primera vez que chapé como corresponde, tenía ya trece años y estaba de viaje de egresados en córdoba, fue una experiencia sensorial tan intensa que nos dedicamos el viaje entero a eso mismo, hablo de Martín, considerado "primer novio" aunque al volver del viaje tuvo la espantosa idea de palparme el ojete, y yo, que seguía los límites marcados por mis congéneres coetáneas me escandalicé y no lo ví más, un año más tarde estaba haciendo indecencias en un lugar oscurito con uno que si bien consiguió mojar mi bombacha, jamás entibio ni un poco mi corazón, desgraciadamente el hecho trascendió y me señalaban bastante feo en el colegio, entonces me refugié en un enamorado diez años mayor que yo, con menos luces que santa teresita en junio, y tuve un pseudo noviazgo, aunque mi límite, al sentir al nabo aburrido con intensiones únicamente de compartir nuestro tiempo franeleando, fue de una cuasi visita higiénica de fin de semana, y "respetá mis espacios y mi tiempo" le decía si osaba llamar durante la semana.
Despidiendo el mileño, allá por 1999 me encontraba en el parque Los Alerces, y tuve el feliz comienzo de año, siglo y mileño amándome intensamente con Pablo a orillas del futalaufquen. Luego él me persiguió por el país, yo me hice la linda un tiempo, hasta que finalmente descubrí que me había enamorado, y compartimos casi dos años juntos, en un pais que se caía a pedazos, y que prácticamente lo estaba expulsando, un poco mayor que yo, él sentía muy fuerte la lucha contra la precariedad laboral y se entristeció enormemente, tanto que ya casi no pude sostenerlo, y tuve que correrme, para que él se atreviera a ir y empezar otra vida afuera. Hace poco me enteré que se casó y tuvo un hijo, y me puse muy contenta.
Después el tiempo, el viento y la soledad. Soñarme madre, no pensarme jamás en pareja, y en una etapa muy frágil de mi vida apareció él y me enamoró. Con sus defectos tan visibles, y sus miserias expuestas, me conmovió su amor por mí y me enamoré. Claro que al tener como único condimento la pasión, y una ausencia absoluta de razón, la relación que nació de este amor fue una tortura, juraría que para ambos. Con tantas cosas que nadie se atrevería a esperar de mi, y tantas otras que tengo para dar y no le importaban. DE este amor nació Celeste, y la convivencia duró mucho más de lo que debería por ella. Hoy él está lejos, por suerte, y molesta en las sombras, porque ya no puede lastimarnos de cerca.
Esas son mis historias de amor... asi que, querido Valentín, esta canción va para vos